viernes, 18 de octubre de 2013

Caficultura y sus problemas económicos

Por: Julia Damacio.

Según el libro de Andrés Uribe, titulado Brown Gold, la planta de café crecía en forma silvestre en África, y se menciona concretamente a Kenya y Abisinia como la región de su origen. Al principio bebían café solo los monjes antes de orar y los médicos lo prescribían como un estimulante curativo. Era prohibido su uso como bebida popular. Fueron los comerciantes venecianos quienes le dieron un impulso al comercio y consumo de café en Europa, alrededor de 1615.

Según el investigador Manuel Rubio Sánchez, a los padres Jesuitas se les reconoce el ser los primeros introductores de la planta de café en Guatemala. Ellos fueron expulsados del país en 1767, por consiguiente se puede situar la introducción de dicha planta por el año de 1760. En 1846, el precio del añil decae, y se encuentra en el café una opción para la exportación.
Posteriormente el café tuvo auge y fue apoyado por los gobiernos de Mariano Gálvez quien daba una especie de recompensa a quien cultivara más quintales de café, y Justo Rufino Barrios quien en 1871 creó el Ministerio de Fomento, en sustitución del Consulado de Comercio, para darle un impulso a la caficultura, sumisión del sector indígena al poder político y económico de la clase terrateniente caficultora, así como la orden de 1875, donde se ordenaba proporcionar almácigo y tierra para que cultivaran café.

Los altos precios del café llevaron al país a un monocultivo. Para evitarlo, en 1885 el presidente Manuel Lisandro Barillas emitió un decreto que concedía subsidios por 10 años a quienes cultivaban hule, cacao, quina, zarzaparrilla, añil, algodón, henequén o ganado de raza. Lo que se deseaba era colocar otros productos en un renglón de exportación, debido a que el café sufría amenazas de pasar por una crisis económica.

Según el libro Introducción a los Problemas Económicos de Guatemala, de Rafael Piedrasanta Arandi, el significado económico que el café tenía en Guatemala, era tan fuerte, que llego a tener efectos profundos en la dinámica económica del país. Esto se refiere al reparto y la ocupación de tierras del Estado a precios nominales, así como el trabajo compulsivo de los indígenas para formar las fincas de café; estos debían trabajar largas jornadas de trabajo para lograr la construcción de caminos, puentes y otras obras indispensables para la movilización del producto. La caficultura también exigió la construcción de vías de comunicación y puertos.

La Federación Centroamericana y México (FEDECAME), permitió que el café “suave” se elevara de precio frente al café “duro” de Brasil y Colombia. Esto obligó a Estados Unidos a interesarse porque el precio del café no descendiera, y creara descontento e inestabilidad política. Esto con el fin que no peligraran las estructuras de poder existentes bajo control en gran medida de la oligarquía cafetalera.

El Convenio Interamericano del Café garantiza el precio mínimo al grano y una cotización estable. Este convenio fue suscrito en septiembre de 1962, pero solo operó hasta el 22 de mayo de 1965, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó la legislación necesaria. A largo plazo dicho convenio pretendía ajustar la oferta mundial del café al consumo mundial, así como un precio “justo” y “equitativo” para productores y consumidores.

A lo largo de la historia el café ha sido uno de los principales productos de exportación en Guatemala; con altas y bajas en los precios ha sido por mucho tiempo un pilar en la economía de Guatemala. Sin embargo la riqueza, como siempre ha sido de unos pocos, y este por más importante que sea, no ha logrado mejorar el nivel de vida de los más necesitados.

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